En una noche oscura, a causa de uno de esos tantos apagones caprichosos que asaltan mi pueblo sin previo aviso, mi abuelo se sentó en un taburete a contarme historias, historias de ayer y hoy, historias fantásticas, cómicas, divertidas, cargadas de una filosofía, cultura y conocimiento popular y empírico se mezclaron con historias frías, reales, tenebrosas, sarcásticas subterráneas y enigmáticas.
Con la sabiduría de los años, sentado en un taburete de cuero, y agarrando con fuerza su viejo bastón abuelo Antonio dejó oír su voz:
Tío Conejo y Tía Zorra, el Ratoncito Pérez y otros personajes de antaño fueron lanzados al viento. Leonardo, no sin antes meditar cada palabra dicha por el abuelo y sin parar de reír con los cuentos de Tío Conejo sacó de su morral un libro negro, cuyo nombre estaba escrito con letras rojas en forma de mancha de sangre. Con paciencia acomodó sus pies en una silla rima, acercó la linterna al libro y empezó a leer:
Carlos solía venir a eso de las ocho y se iba un poco más de las diez de lunes a viernes, al principio todo iba bien, me sacaba a pasear los fines de semana, siempre a las afueras de la ciudad, nunca le reproché, me conformaba con un amor entre tres, pero todo cambio al saber de Andrés, mi bebé, ese día me arreglé de pies a cabeza, estaba hermosa, querría esconder un poco mis temores, le pedí que me llevara a la avenida primera y allí, frente al río, con la voz quebrada le confesé que iba a ser papá.
Esperé paciente una respuesta, sabía que no era fácil, era un hombre casado y yo cursaba 10º. Después de un silencio infinito pronuncio la sentencia:
- No nos queda de otra, tienes que abortar.
Por más que intenté, las palabras no me venían a la boca, sentía algo en medio de la garganta que me impedía el habla, sólo las lágrimas fluían como manantial perpetuo por mis mejillas, no comprendía como quien una y mil veces me dijo que me amaba, ahora querría arrancarme a pedazos la vida que se formaba en mi vientre. Nunca pensé en matrimonio, yo no soy muy creyente, pero siempre escuché de mi abuela que el matrimonio católico es para siempre y Carlos estaba casado por la iglesia y por lo civil, lo que ennegrecía el paisaje, pero confieso que jamás pensé escuchar de sus labios la palabra aborto. ¿Qué podía hacer? mis padres nunca se enteraron que Carlos era casado. El Colegio donde estudio aún excluye a las niñas que salen en embarazo, se llenan de argumentos hasta que las hacen retirar “voluntariamente” o les cobran faltas de asistencia cuando vienen las complicaciones del embarazo, quien dio la pelea una niña de once en el 2009 sólo consiguió graduarse por ventanilla el año siguiente. Últimamente las mamás afirman que para no poner a sus hijas al escarnio público del rector en una reunión de padres de familia mejor las sacan en silencio.
Estaba sola y confieso que no sabía qué hacer.
- Esperar que el niño nazca y regalarlo, pensé y ¿mientras se forma en mi vientre?
Muchas dudas me asaltaron y escogí la peor.
Hoy estoy aquí y recuerdo perfectamente como viví lo invivible:
Estoy sentada en una clínica de aborto clandestina que opera en la ciudad, envuelta en una bata de esas de hospital, junto a mí otras dos chicas. Sofía y Alicia. Sofía tiene menos de 15, es una niña y está acompañada por su mamá quien dijo que tenía problemas de cálculo. Pensé que un cálculo que se mueve en el vientre y crece durante uno, dos o más meses no puede ser expulsado fácilmente, pero que digo, los cálculos no crecen en el vientre. En todo caso sólo recuerdo el rostro de angustia de la señora cuando su hija entró al quirófano.
- Sólo la niña, señora, gruño una enfermera obesa
- Yo quiero entrar, susurro ella.
- Lo siento, es el procedimiento, gritó la enfermera usando un tono más fuerte e imperativo.
Fue lo último que se escuchó en la habitación en un silencio que duró un poco más de cinco minutos cuando un grito desgarrador proveniente de la habitación vecina me puso en alerta, la niña gritaba, no paraba de gritar mientras su madre lloraba y rezaba en un rincón cerca a mi cama, no sé si a Dios o al diablo.
No lo pensé dos veces, tomé mis cosas y salí corriendo.
Dos años más tarde encontré a Sofía, caminaba con un amigo a lo largo de la Ronda del Sinú, disimulé no haberla visto, para no saludarla, pero ella tímidamente se acercó y me dio un abraso, entre sollozos contó que tuvo complicaciones por el procedimiento que le hicieron.
- Tuvieron que sacarme la matriz, por lo que ya no podré tener hijos.
Fue entonces cuando pregunté por la otra joven, Alicia.
- Ella murió, se complicó su aborto, murió horas después del procedimiento, en una camilla al lado de la mía.
En silencio marché a casa, cargué a mi babe y di gracias a Dios por su vida y la mía.
Qué puedo decir, no es fácil ser madre soltera, me toca trabajar, no saben cuánto, fueron muchos los sueños truncados, pero estoy viva.
Concluida la lectura mi abuelo preguntó:
- Mijo, ¿ese es un cuento, o una novela de terror?
- Peor que eso abuelo, contesté. Hace parte de un libro de Crónicas de la vida real que lleva por nombre “Mujeres del Siglo XXI”. Además, trae datos estadísticos, de niñas y mujeres violadas, niñas madres solteras, y mujeres sometidas al destierro por culpa de la violencia en el país y en el mundo.
Actividades:
1. ¿Conoces casos de niñas madres solteras?
2. ¿Cómo cambio el embarazo su vida?
3. ¿Cómo prevenir embarazos no deseados?
4. ¿Qué son los métodos anticonceptivos?
• Por ser preguntas muy personales te pido que medites tu respuesta a los siguientes interrogantes
1. ¿Cómo vives tu sexualidad? ¿La vives de manera apropiada?
2. ¿Existe una edad apropiada para iniciarse en el sexo? ¿Por qué?