lunes, 31 de enero de 2011

Noche loca

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Mi cuerpo se movía al ritmo del dance, que minutos antes puso el DJ de la disco, bailaba solo, impulsado por los efectos de la pasta de éxtasis que me regaló Andrés. De pronto ella se acercó, e inmortalizó su efigie en mi memoria, recuerdo su rostro como si aún la tuviera enfrente: rubia, de busto grande, su cuerpo esbelto, sus ojos azul intenso, me cautivaron al instante, me susurró al oído y aunque no escuché, comprendí el mensaje…
La tomé de la mano y a unos metros de la disco, tomamos un taxi, fuimos a mi apartamento y saciamos de placer nuestros cuerpos una y otra vez. Su cuerpo blanco y limpio me motivó a lamerla toda, desde el pelo hasta la punta de los pies… introduje mi lengua en su ombligo y se estremeció, tomó mi cabeza con sus manos y me llevó más abajo, allí probé su néctar una y mil veces.
Desperté a eso de las doce, me asomé por la ventana como de costumbre y contemplé el inmenso Sinù, a lo lejos se divisaban los planchones, por la multitud de usuarios estudiantes en su mayoría daba la impresión de hundirse.
Me dije entonces hoy empiezo una nueva vida, y vaya que fue así, en la pared de la habitación yacía la sentencia de muerte.
“Bienvenido al Club”
Hoy redacto mi historia en la penuria de una habitación de hospital, mientras la enfermera me trae la tableta de convivir que me toca a las 10:10

Actividades:
¿Qué es SIDA?
¿Cómo se transmite?
¿Cómo puedes prevenirlo?
Consulta las estadísticas actuales de SIDA en la ciudad
Elabora un ensayo sobre lo aprendido con esta historia
Elabora una historia donde motives a los lectores a evitar enfermedades de transmisión sexual.

Mi Tierra

Juan era un niño como cualquier otro, disfrutaba de los atardeceres del inmenso valle del Sinù, sentado en un taburetico obsequiado por su tío Andrés en su primer año de vida: Contemplaba, el sol que para él era una bola de oro inmensa la cual quería alcanzar y vender para salir de la pobreza, compraría una finca con muchas vacas lechereas y toros cebúes y dejaría de vivir junto sin sus padres y hermanos en la pequeña casa de bahareque y boñiga.

En este mundo de inocencia y candor vivía Juanchito, así llamado por sus amigos, poco a poco se hizo hombre y con tristeza reconoció que el sol no se puede alcanzar y vender, que él y los suyos no eran más que la diana de quienes pretenden tener el poder económico y político en este santo país, que los cultivos que sus padres tenían en medio de los de ñame y de yuca eran procesados y luego vendidos a tontos quienes se suicidaban lentamente mientras alcanzan un oscuro nirvana… que quienes afirmaban estar en sus tierras para defenderlos, a cuchillo y a balazo enviaban al otro lado a inocentes y trabajadores honrados, que estos fratricidas destruían pueblos enteros con pipetas y cilindros de gas.

Esta es la vida de Juan… un hombre que vive en un país de tierras fértiles, bañado por dos océanos con una biodiversidad en flora y fauna única en el mundo… así es la vida de Juan, un hombre pobre como muchos otros que vive en un país que dicen que es pobre, con una riqueza minera saqueada por multinacionales, así es la vida de Juan en el país que ya no es de Bolívar por haber sido vendido al tío Sam

Un día Juan decide irse a Vivir a la gran ciudad, pero el pobrecito que apenas hizo hasta quinto de primaria porque en su pueblo no había bachillerato, sólo consigue ser contratado en una compañía constructora, allí conoce a Natalia, el amor de su vida, una mujer de facciones de ángel y ademanes de princesa, muy cotizada entre los trabajadores de la compañía…

Con el pasar de los días y ante el naciente crecimiento de un sentimiento tormentoso descrito como amor Juan invita a Natalia a salir, regalos, chocolates y flores van y vienen…

Llegado el día, una tarde de brisa fresca en el que las flores destilan su aroma penetrante y hacen del hombre un ser vulnerable Juan le pregunta:

- Estas dispuesta a hacer de tu vida y la mía una sola, a ser mía como yo he sido tuyo desde que mis ojos vieron en esos tus ojos un pedacito de cielo

- Sí, respondió Natalia

Con el tiempo llegaron los hijos, dos niños María y Carlos, dentro de la pobreza la familia Jiménez Garrido era feliz… Vivían en un pequeño apartamento en un barrio popular de la ciudad.

Juan añoraba su tierra, la parcela que les fue arrebatada aquella tarde en la que la banda los cuarteadores levanto a plomo a casi todo el pueblo.

Una tarde en la que Juan entra al despacho de su jefe, encuentra su Mujer en las piernas de don José quien como leona en selo mordisqueaba su cuello.

Pobre Juan que huye de la Guerra… pobre Juan que se refugia en los brazos de una mujer…
Pobre Juan que huye cual frenético suicida y en su lápida reza la sentencia:

aquí yace un desterrado infeliz.

¡Déjame construir un nido!

Eran las cinco de la madrugada cuando se escucharon las detonaciones, los pájaros salieron disparados por los aires en busca de un mejor refugio, ellos fueron los únicos testigos de aquella masacre, pues Inés que se disponía a prender el fogón de leña para hacer el café, afirma no haber visto nada. Andrés cuya camisa quedó salpicada de sangre de las víctimas, tampoco estuvo allí…

Fueron muchos los testigos, pero nadie vio nada, cuando el plomo está barato, nadie ve nada.

- A donde me llevan, grito Mario
- Camina cabròn, respondió un cuatrero mientras le daba patadas
- A donde más guerrillero hijueputa, hasta aquí llegaste, grito el segundo mientras le daba puñetazos.
José Montiel y Armando Atencia, fueron tomados por sorpresa cuando se dirigían al corral, como buitres en pro de su presa los hombres de verde se abalanzaron contra ellos, gritando:
- Pendejos, miserables, ahora denle de comer a esos hijos de putas, ahora sálganse de su habitación y préstenle su cama

José recordó entonces los hechos ocurridos el día anterior:
Cinco hombres llegaron a su casa armados hasta los dientes, traían los pantalones rotos y rostros arañados por los arbustos del monte, sus rostros mostraban hambre y rabia.

Ellos obligaron a Elvia a cocinarle cinco gallinas y acabaron hasta con el gajo de manzanito que guardaban para la mazamorra de Andreita.

Con su último aliento José gritó: no, nos maten, no somos guerrilleros, ni informantes, esos hombres llegaron y nos obligaron a hacerle comida, sólo le dimos de comer porque teníamos miedo de que nos mataran.

Uno de los asesinos lo golpeó e irónicamente le dijo:
- Hijo de puta ¿tenias miedo de ser asesinado y le diste de comer? Pues ahora morirás por haberlo hecho.

Fue entonces cuando se escucharon los disparos y una multitud de pájaros se disparó al cielo inmenso en busca de mejores tierras y árboles frondosos donde construir sus nidos.

Fueron muchas las casas visitadas esa noche y de todas sacaban a los hombres a empujones y patadas, las mujeres eran violadas en presencia de sus maridos, quienes uno a uno fueron asesinados y arrojados al río.